Los egipcios tenían a su disposición halcones, leones, cocodrilos y cobras. Para representar el renacer del sol eligieron a un escarabajo que se pasa la vida empujando una bola de estiércol.

Suena a chiste. No lo es. Y cuando entiendes por qué lo eligieron, te das cuenta de que vieron algo que la ciencia recién confirmó hace poco más de una década.

El bicho que empujaba el sol

Mira al escarabajo pelotero en el desierto. Arma una esfera perfecta, la empuja en línea recta y la entierra. Semanas después, de esa misma bola salen escarabajos nuevos, como si hubieran nacido de la nada.

Ahora mira el cielo como lo miraba un egipcio. Cada mañana una esfera de fuego aparece en el horizonte, alguien la empuja de un extremo a otro del cielo y en la noche desaparece bajo la tierra. Al otro día vuelve a nacer.

Para ellos era la misma escena a dos escalas. Por eso el sol de la mañana tenía cara de escarabajo: Khepri, el dios que empuja el disco solar fuera de la noche. Su nombre viene de kheper, que significa «llegar a ser», «transformarse». No era un dios del sol. Era el dios del momento exacto en que algo vuelve a existir.

Un amuleto para no mentirle a los dioses

Aquí la cosa se pone seria. Para un egipcio, después de la muerte venía un juicio. Tu corazón se ponía en una balanza frente a Osiris, con la pluma de Maat, la verdad, en el otro plato. Si pesaba de más, una criatura llamada Ammit se lo comía y desaparecías para siempre.

¿La solución? Un escarabajo. Entre las vendas de la momia, a la altura del pecho, se colocaba el escarabajo de corazón. Muchos llevan grabado el capítulo 30B del Libro de los Muertos, un hechizo en el que el difunto le habla directamente a su propio corazón y le pide que no testifique en su contra durante el juicio.

Piénsalo un segundo: se enterraban con un amuleto cuya función era convencer a su propio corazón de que no los delatara. El escarabajo no solo traía de vuelta el sol. También te ayudaba a cruzar al otro lado.

El faraón que usaba escarabajos como Instagram

Amenhotep III, uno de los faraones más poderosos de la dinastía XVIII, encontró otro uso: la propaganda. Mandó tallar escarabajos grandes con textos que contaban sus logros y los repartió por todo Egipto, y hasta Siria y Sudán.

Uno de esos escarabajos conmemorativos anuncia que el rey cazó 102 leones con sus propias flechas durante sus primeros diez años de reinado. Hoy subirías la foto. Hace 3.400 años lo grababas en piedra con forma de escarabajo y lo mandabas al extranjero.

El escarabajo gigante de Karnak

Si alguna vez caminas por el templo de Karnak, en Luxor, junto al lago sagrado vas a encontrar un escarabajo de piedra enorme sobre un pedestal. Es de la época de Amenhotep III y en la base aparece el rey arrodillado, haciéndole una ofrenda a Khepri.

No estaba ahí originalmente. Se cree que estuvo en el templo funerario de Amenhotep III, al otro lado del Nilo, y que siglos después el faraón Taharqo lo trasladó a Karnak.

Los guías locales cuentan una tradición que los turistas siguen al pie de la letra: tres vueltas alrededor del escarabajo traen buena suerte, siete traen matrimonio y nueve, hijos. Los mismos guías te dicen que no tiene ninguna base. Igual casi todo el mundo da las vueltas.

El escarabajo que cayó del cielo

Y por si esto fuera poco, el escarabajo más famoso de todos lo llevaba Tutankamón.

En uno de sus pectorales, el escarabajo central está tallado en un vidrio amarillo canario que no se fabrica en ningún taller. Es vidrio del desierto libio, un material que se formó hace unos 29 millones de años, cuando la arena de cuarzo del Sahara se fundió a más de 1.600 °C.

Durante décadas se discutió qué lo había provocado. En 2019, el geólogo Aaron Cavosie, de la Universidad de Curtin, encontró en ese vidrio granos de circón que alguna vez fueron reidita, un mineral que solo se forma con el impacto de un meteorito. Cavosie lo llamó la primera prueba a prueba de balas de que fue un impacto.

O sea: el símbolo del sol que renace, en el pecho del faraón más famoso de la historia, está tallado en un pedazo de cielo que se estrelló contra la Tierra.

Lo que los egipcios vieron y la ciencia confirmó en 2013

Ahora vuelve al escarabajo que empuja su bola.

En enero de 2013, un equipo liderado por Marie Dacke, de la Universidad de Lund en Suecia, junto a investigadores sudafricanos, publicó en la revista Current Biology algo que nadie esperaba: los escarabajos peloteros se orientan con la Vía Láctea.

En noches sin luna pero con la galaxia visible, empujaban su bola en línea recta. Con el cielo nublado se perdían. Y cuando los investigadores les pusieron unas pequeñas viseras que les tapaban el cielo, caminaban sin rumbo.

Los egipcios dijeron que el escarabajo empujaba el sol a través del cielo. Tres mil años después descubrimos que el escarabajo, literalmente, se guía por las estrellas para empujar su esfera.

¿Coincidencia de una cultura que miraba mucho la naturaleza? ¿O sabían observar el cielo mejor de lo que les reconocemos? Esa es la pregunta que me hago desde que estuve en Egipto.

Sigue el hilo

El escarabajo es solo una de las piezas del lenguaje simbólico que los egipcios dejaron tallado en sus templos: luz, geometría, resonancia, el sol que muere y renace. Ese lenguaje es exactamente lo que el Dr. Cristián Contreras Radovic va a descifrar en vivo en Ciencia Sagrada de Egipto: Metafísica Tallada en Piedra, que parte el sábado 5 de diciembre.

Y si quieres empezar por los grandes misterios del país de los faraones, tienes Grandes Enigmas de Egipto disponible ahora.

Cuéntame en los comentarios: ¿crees que los egipcios sabían más del cielo de lo que admitimos?